Cuando hablamos de UX normalmente nos estamos refiriendo a diseñar productos para que los utilice el cliente final y el objetivo más habitual es solucionar los problemas de usabilidad para que su experiencia sea fácil y satisfactoria. 

Quienes usen el producto tienen que ser capaces de completar las tareas que se han diseñado, porque si esto no ocurre nos podemos arriesgar a perder conversiones, ya sean leads al rellenar un formulario o la compra de un producto. En estos casos, la solución suele ser facilitar todo lo posible los procesos aunque con ello se deba invertir un poco más de tiempo.

Sin embargo, cuando tenemos que diseñar aplicaciones corporativas para entornos internos de trabajo, los objetivos de usabilidad son diferentes.

En este tipo de productos digitales, los usuarios no tienen la opción de elegir si quieren utilizar ese producto u otro, simplemente lo tienen que utilizar porque forma parte de su trabajo

En estos casos los problemas de usabilidad que hay que resolver no se basan en reducir los obstáculos que pueden surgir al utilizarlo, sino en mejorar el uso diario y conseguir incrementos de productividad, haciendo que sean más eficientes los procesos internos. 

Cuando se está diseñando un producto de estas características hay dos puntos concretos que siempre tenemos que tener en mente:

  • Conseguir que el uso del producto sea eficiente a largo plazo a través de ciertos aceleradores (a diferencia del objetivo que tendríamos que seguir si el producto fuese para un usuario final, que sería facilitar la curva de aprendizaje).
  • Reducir la carga cognitiva para facilitar el trabajo. De esta forma, los equipos serán capaces focalizar sus esfuerzos en el trabajo, y no en la interfaz que tienen que utilizar.

Ejemplo de usabilidad en un producto para el trabajo

Por ejemplo, si tuviéramos que crear un producto digital para que lo utilice una empresa de seguros y el objetivo es que el producto sirva para gestionar las peticiones de los clientes, las características en las que tendremos que centrarnos no serán las mismas que si fuera un proceso para captar leads u oportunidades de venta.

En vez de indicar paso por paso qué hay que rellenar, nos tendremos que centrar en las necesidades de quien va a gestionar la solicitud, como por ejemplo, reducir la carga cognitiva mostrando todos los campos del formulario y evitando que tenga que recordar cuáles son los apartados posteriores. Esto hará que el esfuerzo que tiene que invertir en recordar todos y cada uno de los pasos sea menor, lo que facilitará su trabajo.

Al diseñar aplicaciones de trabajo, es posible que el aprendizaje de uso sea más largo de lo habitual. Sin embargo, el objetivo final es  que, una vez finalice el proceso de aprendizaje, el trabajo sea mucho más eficiente.

Como siempre que hablamos de UX, tenemos que diseñar centrados en las necesidades de quienes utilizarán nuestro producto digital. Y lo mismo sucederá en estos casos, donde aplicaremos los principios que ya vimos para el Diseño de Servicios

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