El Time To Value se refiere a la cantidad de tiempo que un cliente tarda en darse cuenta de que obtiene valor con el producto. El objetivo de las empresas tiene que ser conseguir que el Time To Value sea lo más corto posible, para que los clientes lleguen a la conversión cuanto antes.

El valor de tu producto es lo que tu cliente espera recibir de él. Tenemos que entender cuánto tiempo discurre entre el momento que el cliente adquiere el producto o servicio , hasta cuando ve el valor y retorno de la inversión de lo que ha adquirido.

Con la comunicación y la forma de transmitir las ideas se hace una promesa sobre cómo va a ser el producto y los clientes compran basándose en ello, por lo que hay que estar a la altura de las expectativas. 

Time To Value en los servicios

Cuando lo que vendemos no es un producto, sino un servicio en formato de pago por uso (Software as a Service o SaaS), el concepto del Time To Value cobra todavía más importancia. Este concepto ha permitido evolucionar desde las clásicas licencias de por vida a un modelo de pago por uso. 

La percepción del valor que los clientes tienen del servicio es crítica, ya que pueden decidir dejar de utilizar el servicio en cualquier momento.

Si por ejemplo el servicio que ofreces tiene un periodo de prueba gratuito de 14 días, es imprescindible que el Time to Value de los usuarios se encuentre dentro de esa franja de tiempo, para asegurarnos de que después van a comprar el plan que ofrecemos.

Consejos para reducir el Time To Value

El primer paso para reducir el Time to Value es averiguar en qué momento los clientes se dan cuenta de que tu producto les reporta valor. Una vez que se ha identificado ese punto, hay que decidir cuál es la mejor ruta para hacer que los clientes lleguen hasta ahí.

Estos son tres consejos para facilitar el proceso de mejora del time to value: 

  • Crear guías de uso. Un método para reducir el Time To Value es crear documentación que informe a los usuarios o clientes sobre cómo utilizar el producto. Aquí podemos incluir cualquier tipo de guía u otro recurso que facilite el uso para el usuario, como un Centro de Ayuda con tutoriales o unas FAQ, como las que puedes encontrar en los cursos de UX Learn.
  • Asegurar la correcta implementación. En los productos más técnicos, generalmente dedicados a B2B, es muy interesante proporcionar ayuda personalizada y acompañar los primeros pasos de los clientes para que tengan una buena experiencia. Un buen onboarding puede ser la herramienta que marque la diferencia en este caso, mostrando las principales funcionalidades.
  • Mejorar la UX del producto. Para conseguir crear el mayor valor para el usuario todos los elementos del producto (botones, menús, instrucciones) tienen que ser claros y entendibles, es decir, ser intuitivos y fáciles de utilizar. Para conseguir esto, por supuesto, debemos hacer test con usuarios para entender qué partes hay que mejorar. 

En definitiva, debemos identificar en qué momento los usuarios perciben el valor del producto para poder mejorar todos los procesos que llevan hasta ahí. En este sentido, conocer las etapas por las que pasa tu cliente a la hora de decidir sobre el producto es muy importante, ya que servirá para poder optimizar y mejorar todos los procesos.

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