21 abril 2021

Las técnicas de diseño tradicionales se centran en dar respuesta y solución a problemas actuales, teniendo en mente que lo importante es conseguir una experiencia de usuario óptima.  

Sin embargo, el diseño futurista o especulativo tiene como objetivo explorar cómo podría ser el futuro, y diseñar teniendo en mente escenarios especulativos. Este tipo de diseño responde a preguntas más profundas que únicamente la experiencia del usuario actual: busca responder preguntas con más trasfondo que sencillamente saber qué necesita el usuario. 

Hay que plantearse otra serie de preguntas. ¿Qué podemos hacer para mejorar la situación del medio ambiente? ¿Cómo queremos que sea el futuro? ¿Qué impacto puede tener la tecnología que estamos usando en 5 años? Se debe crear una visión de un “mundo ideal”, para después diseñar persiguiendo ese objetivo.

¿Cómo puede ser el futuro?

El diseño futurista se centra en imaginar cómo se podrían diseñar los productos sin tener en cuenta las limitaciones tecnológicas, sociales o políticas a las que nos enfrentamos en la actualidad. No estamos hablando de predecir el futuro, sino de imaginar los futuros posibles, plausibles, probables o preferidos:

  • Los futuros posibles son todos aquellos que podrían ocurrir, incluso aquellos que tienen una posibilidad remota de convertirse en realidad. 
  • Los futuros plausibles son los que además de ser posibles, son realistas. Son futuros que podemos razonar y aceptar que pueden ocurrir. 
  • Los futuros probables los que desde una perspectiva probabilística tienen un gran margen de ocurrir, teniendo en cuenta si todo lo que sabemos hoy es cierto y no cambia. 
  • Por último, los futuros preferidos son aquellos que se desea que ocurran. 

Para conseguir llegar a los futuros preferidos, en lugar de utilizar la técnica del diseño únicamente centrado en el usuario, se puede utilizar el diseño especulativo: nos tenemos que preguntar cuáles podrían ser los efectos de los diseños actuales en las sociedades futuras. 

No se trata de predecir o augurar el futuro, sino de explorar las posibilidades y considerar cómo se puede mejorar mediante el diseño de nuevos productos. 

¿Qué tiene de bueno el diseño futurista?

En los últimos tiempos estamos viviendo una gran revolución tecnológica, y aparecen nuevos productos con mucha frecuencia, pero ¿dónde nos va a llevar esa tecnología dentro de unos años?

Siguiendo la metodología del diseño especulativo se puede llegar a innovaciones que de otra forma no se hubieran planteado. Esto se puede conseguir prototipando diferentes productos enmarcados en un posible escenario futuro. La clave está en llevar al límite los futuros posibles y diseñar conforme a ellos. La implicación de la UX está en tener en cuenta las repercusiones e implicaciones futuras de los productos, sin subestimar el poder de las nuevas tecnologías.

Conforme avanza la tecnología, las innovaciones aumentan exponencialmente. Debemos dejar atrás los pensamientos cortoplacistas para empezar a construir futuros alternativos, con el objetivo de darles forma y conseguir que sean mejores en todos los aspectos. 

Un buen ejemplo para entender este concepto, aunque no sea real, es la serie Black Mirror. En cada capítulo de esta serie se plantea un posible futuro, con diferentes tecnologías y sus consecuencias en la sociedad. Aunque esto sea ciencia ficción, el planteamiento que presentan es la base del diseño futurista, y es una buena forma de entender este concepto tan abstracto: se dibuja un futuro y se imagina las tecnologías que podría haber presentes en ese escenario.

Está claro que el diseño futurista no es una prioridad para todas las empresas, ya que hay que pensar situaciones y productos para los que en el momento actual no hay demanda, por lo que no hay una razón obvia para invertir dinero en desarrollar una solución para un problema que todavía no existe. Pero esto no debería ser un motivo para dejar de lado esta metodología, y es que el diseño futurista pretende construir mejores sociedades y crear ese futuro preferido.

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