12 abril 2021

Una de las cuestiones más difíciles al diseñar nuestro producto es la de romper barreras idiomáticas. En este sentido, es más que obvio que la traducción de los productos es uno de los primeros pasos a dar y, quizá precisamente por esa obviedad, es uno de los aspectos que menos se cuida.

Ya vimos el estudio Can’t Read, Won’t Buy de Common Sense Advisory Research y cómo el 65% de los encuestados prefiere contenido en su propio idioma, aunque no esté bien traducido, es decir, los usuarios pasan por alto las malas traducciones si el producto funciona como se espera de él.

Un buen producto irá más allá de la mera traducción y estará localizado correctamente, especialmente si hablamos de uno digital. Es decir, estará adaptado al usuario, a sus necesidades e idioma, como ya vimos en el resumen de la charla sobre localización que publicamos hace unas semanas

No obstante, vamos a ahondar en algunas cuestiones de procedimiento que no se pudieron ver en la charla y que pueden ayudar a comprender no sólo la importancia de esta tarea, sino cómo ésta enlaza con la investigación.

Una matización antes de continuar: usaremos indistintamente traducción y localización, para poder simplificar el texto.

El proceso de traducción: de lo ideal a la realidad

Idealmente pensamos que el proceso de traducción es coger el texto, traducirlo y llevarlo a producción. En realidad, el proceso es mucho más complejo y requiere de muchos más pasos:

Cómo sería un proceso para la localización de un producto
El proceso de localización

Incluso este proceso circular implica muchas idas y venidas, ya que los especialistas irán adaptando el lenguaje con el feedback que vayan recibiendo desde los equipos de diseño y desarrollo de producto y, sobre todo, del que aporten los usuarios una vez esté la traducción disponible en el producto, asunto sobre el que volveremos más adelante.

Para poner en marcha cualquier traducción, hay que seguir un proceso, siendo el primero de todos los pasos a llevar a cabo, cómo no, una exhaustiva investigación de tus usuarios

La fase de exploración del UX Research puede ser perfecta para trabajar la localización de tu producto. Gracias al uso de técnicas como el card sorting, los focus groups o los tests con usuarios puedes descubrir la terminología que se usa de manera habitual en otros idiomas y, con ella, crear un glosario de términos.

Estos glosarios permitirán que los especialistas en lenguaje trabajen de manera más eficiente, aportando un contexto útil para obtener los mejores resultados.

Junto a esto, no has de olvidar que tu producto ha de sonar con la mayor naturalidad posible, una naturalidad que ha de ir más allá de la corrección gramatical u ortográfica: ha de sonar como tu propia marca.

Ese tono de voz, más allá de las consideraciones que pueda tener para la experiencia de usuario, ha de trascender cualquier idioma. Esto también garantiza que tus usuarios multilingües sientan que están en la misma experiencia en todo momento. 

Prepara el contexto

Este tono de voz será sólo una parte del contexto que recibirán los especialistas en lenguaje para iniciar su trabajo. Para que sea lo más completo posible, deberás tener preparado lo siguiente:

  1. El tono de voz de tu marca.
  2. El objetivo a conseguir.
  3. El target o público objetivo.
  4. Todos los materiales de que dispongas: wireframes, prototipos de baja o alta calidad e incluso un entorno de pruebas.
  5. Glosario de términos básicos.
  6. Instrucciones a seguir o puntualizaciones con términos a evitar.

Todo esto se plasmará en un briefing fácil de leer y comprender que enviarás al Product Manager de Localización. Dedícalo un tiempo, sobre todo porque ya dispones de datos nacidos de la investigación para que la información se ajuste lo más posible a la experiencia final de usuario.

Revisa, implementa y vuelta a empezar

A partir de aquí, es donde empiezan los tiras y aflojas. Los especialistas tendrán una primera traducción y pasará (idealmente) por varias manos antes de llegarte a ti, para hacer revisión y ajustes y, al igual que se hace con los productos, pasar su propio proceso de control de calidad. 

Lo ideal es que este control de calidad (LQA en inglés) se haga antes de salir a producción en un entorno de pruebas o incorporando las traducciones al prototipo: el equipo de especialistas revisará y comprobará si efectivamente el lenguaje se ajusta en todos los aspectos, como ajuste espacial, el tono o incluso si fuera necesario reescribir algo. 

Una vez están todas las traducciones correctas, llega el momento de subir a producción y rematar la tarea, esperando el feedback final de los usuarios. Al menos por el momento, ya que cada nueva versión o característica implementada puede hacer que la terminología varíe y haya que volver a realizar todo este proceso.

Finalmente, no hemos de olvidar que las traducciones pueden ir incorporándose poco a poco, adaptándose así a los usos lingüísticos de cada área. Recuerda, you like tomato, I like tomato.

En Torresburriel Estudio podemos ayudarte en el proceso de investigación con usuarios, aplicando técnicas como las entrevistas personalizadas o la investigación etnográfica.