26 julio 2016

A medida que la tecnología móvil se está desarrollando, el límite entre la experiencia del usuario física y digital está desapareciendo rápidamente. Hoy queremos hablar de los beacons, unos pequeños dispositivos que están cambiando la forma en que realizamos tareas en entornos de proximidad.

Un beacon es un pequeño dispositivo basados en tecnología Bluetooth de bajo consumo, que se encarga de transmitir una señal que identifica de forma única a cada dispositivo. Esta señal puede ser recibida e interpretada por otros dispositivos (normalmente, un teléfono móvil) que se encuentren dentro del rango (usualmente, hasta varias decenas de metros).

Esquema de un beacon NFC de Estimote

Una gran ventaja de estos dispositivos es que el usuario no necesita conexión a Internet, únicamente un teléfono con Bluetooth activado, que permita la localización del usuario en interiores.

Resumiendo, un beacon es un dispositivo de alcance cercano, que interactúa con los dispositivos que están en sus alrededores, lo que ofrecen múltiples utilidades. Por ejemplo, ver datos sobre una obra de arte cuando paseas por un museo, o mostrar los productos en oferta cuando caminas por un supermercado. Incluso usar tu teléfono móvil para ver la carta del restaurante cuando te sientas a cenar.

Solo hace falta ser un poco imaginativo para pensar en el recorrido futuro: entrar y salir del transporte público sin comprar un billete, con cobro automático a través del móvil, o poder sacar dinero de un cajero una vez te aproximas a la terminal y lo autorizas desde tu teléfono. Sin tener que introducir un PIN, o perder más tiempo del necesario siguiendo una secuencia de pantallas.

Consejos de diseño UX con beacons

A continuación os damos algunas pautas para diseñar una mejor experiencia de usuario con beacons. El diseño de una aplicación que tenga habilitada esta tecnología viene con su propio conjunto de desafíos, y es necesario asegurarse de que los usuarios disfruten de uso de la aplicación, y encuentren valor al utilizarla.

Siendo un dispositivo de proximidad, la primera premisa que debemos cumplir es ofrecer información útil y que esté adaptada al contexto. El mejor uso posible de un beacon es ofrecer contenido información relevante al usuario, en función de su ubicación y contexto. Por tanto, una comprensión contextual de las necesidades de un usuario tiene que ver con la anticipación. ¿Qué espera el usuario, aunque todavía no lo sepa?

Otra expectativa del usuario en entornos de proximidad es la velocidad de respuesta. Es recomendable usar el modo en segundo plano, almacenando información que estará disponible al usuario en el momento en que el usuario se conecte: las aplicaciones de beacon pueden funcionar en segundo plano y cuando el usuario la enciende, lo que ayuda a mejorar la experiencia de uso al mantener una sensación de respuesta inmediata.

Por supuesto, también es importante ser transparente con los datos del usuario que utilizaremos. Esto se ha resuelto muy bien en iOS con la aplicación iBeacon, donde la información de los permisos está muy bien gestionada. Es muy recomendable su guía para desarrolladores para ponerla en práctica.

Por último, un aspecto más técnico que funcional. Si trabajamos en espacios cerrados, no podemos abstraernos de la influencia de las interferencias de señal. La banda de 2,4GHz que es donde funciona este tipo de aparatos es una de las más congestionadas. Al ser una de las pocas bandas libres, la mayoría de aparatos están diseñados para generar las interferencias electromagnéticas de uso en esa frecuencia. Es necesario probar bien la instalación antes de abrirla al uso público, especialmente si usas también señal WiFi, que habitualmente funciona en ese rango de frecuencias.

Finalmente, el gran reto que plantea cualquier tecnología nueva es la tasa de abandono. En el caso de los beacons, su funcionamiento sin intervención del usuario facilita enormemente su implantación. Habitualmente, el usuario está receptivo en un primer uso por esa sensación de novedad, pero no es fácil enganchar al usuario. Lo difícil es que vuelva una segunda y tercera vez, cuando pierde el entusiasmo o la primera vez ha tenido una mala experiencia de uso.

En este caso, el contexto ayuda a eliminar pasos de operación y fricciones en el uso, mejorando la experiencia del usuario. Esto anima a seguir utilizando la tecnología y no abandonarla a los pocos usos.

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