13 enero 2012

Llevo desde ayer por la noche pensando en este post. No es la primera vez que me pasa eso de pensar en un post aún cuando estoy lejos del ordenador. Es lo que el profesor Orihuela llama síndrome del próximo post. Y me gusta que eso suceda.

La cuestión es que ayer, tras leer un post de un blogger de esos a los que uno lee desde hace años, conoce personalmente y, por ello, admira en una doble vertiente, empecé a rumiar algo que estaba en mi cabeza y no terminaba de salir.

El post que leí es de Unjubilado. Un blogger al que merece mucho la pena leer, aunque que nadie espera en sus textos cuestiones tecnológicas. Es otra cosa. El post es Calidad humana. En ese post se habla de personas, de gente, de seres humanos. De cómo somos, de qué hacemos, de cómo nos comportamos.

Se habla de compartir, sobre todo se habla de compartir. Y hay una frase en el post que me dejó marcado:

¿Para qué tener lo que no se puede compartir?

En ese orden de cosas, otros post que leí ayer, de Juan Leal, dio la puntilla a la idea de ponerme a escribir esto. El post de Juan Leal, magnífico, se llama Bajar a 33rpm: el movimiento lento en Internet. En él se habla también de personas. Cierto que de una forma más enfocada que en el post de Unjubilado, pero se habla de lo mismo.

Hay una cita en el post de Leal, de Bernando Hernández:

A lo largo de los últimos 5 años, los mismos casi que tiene este blog, me he concentrado tremendamente en mi trabajo, en Google, en mis empresas, en producir más y mejor: toda mi energía ha estado concentrada en esto. Mis amigos, mi familia, mis parejas, las personas y los sentimientos pasaron a un segundo plano ante la prioridad de mis ambiciones.

Toca ahora otra cosa. No sé de qué estará hecha, pero otra cosa. Toca volver a saber perder el tiempo, a disfrutar de la mediocridad anodina de lo conocido, del sosiego de lo callado. La vida nos engaña con un falso exceso de confianza producido por las agendas apretadas, la manipulación de otros y las vanidades fugaces. Pero es una falsa seguridad que enseguida se desploma ante la estocada más inesperada pero acertada. La auténtica seguridad está en otra cosa.

Y con todo ese ramillete de humanidad que desprende tanto el post de Unjubilado como el de Juan Leal, con la cita de Bernardo Hernández presidiendo, mi cabeza no pudo sino explotar en el mejor sentido de la palabra.

Y entonces me acordé de Ludita y me acordé de eso tan bonito que acuñó llamado Web 2 punto amor.

Y me acordé de un amigo que, cuando trabajaba en FNAC me decía: Daniel, tío, que yo trabajo vendiendo discos, que mi trabajo consiste en ocupar el tiempo de ocio de la gente. Si yo me equivoco no pasa nada. No me quiero imaginar la responsabilidad de alguien que trabaje en algo que incida directamente en la vida de las personas.

Entonces es cuando uno piensa en lo que hace en su trabajo. Y es eso, sólo trabajo. Pero lo que hace es, al final, trabajar para intentar hacer más fácil la vida de las personas. Diseñar experiencias de usuario positivas es eso. Es trabajar para la gente, para las personas. El objetivo es facilitarles las cosas en todo lo posible.

El cometido de todo lo que hacemos quienes nos dedicamos a la experiencia de usuario no es sino allanar el camino que tiene trabas, pequeñas o grandes. No es nada más. Nuestro trabajo consiste en poner un poco de arena fina en una carretera que está revestida de asfalto. Y nuestras herramientas son las que son: hacemos investigación, hacemos test con usuarios, hacemos pruebas de todo tipo… Con eso trabajamos.

No quiero que parezca esto un post babosillo de un viernes por la mañana. Quien paga nuestro trabajo, como el de la mayoría, son las empresas. Y las empresas quieren y están para ganar dinero. No es incompatible. Cuanto mejor es el producto y más accesible, sencillo y útil es, mejor para todos. Mejor para quien lo compra y mejor para quien lo vende.

Pero, al fin y al cabo, si no tenemos en nuestra caja de herramientas un buen puñado de motivación, empatía, pasión, cariño, cuidado… el resto de herramientas nos servirán para ejecutarlas. Sólo para eso.

En Torresburriel Estudio podemos ayudarte en el proceso de investigación con usuarios, aplicando técnicas como las entrevistas personalizadas o la investigación etnográfica. Contacta ahora, y cuéntanos tus necesidades para diseñar un proceso de investigación adaptado a tus necesidades.

Comentarios

  1. Gracias por la referencia, iba a leerme todos los enlaces que incluyes en tu artículo, (lo haré luego) ya que me tienen que sacar sangre, estoy ingresado en el clínico.
    Dispongo de wifi con una velocidad, inferior a las 33 rpm.
    Saludos

  2. Vaya por dios, Emilio! Haz el favor de cuidarte y sal de ahí lo antes posible. Es una orden!! Un abrazo muy fuerte.

  3. Precioso Dani, como siempre 🙂

    En los momentos de bajón profesional, cuando uno a veces piensa en tirar la toalla mi padre siempre me dice: “¿pero os habéis parado pensar en la mejora de la calidad de vida que aportáis?”

    Y ese simple comentario hace que se me borre todo lo negativo que merodea por la cabeza y me ayude a continuar. Por que, al fin y al cabo, no deja de tener razón.

    Gracias por alegrarme el viernes. Pensé que lo que escribía ayer tendría poco eco, pero veo que no ha caído en saco roto.

    Abrazo,

    J.

  4. Lo que dice usted, señor Leal, rara vez cae en saco roto 🙂 Abrazo!

En Torresburriel Estudio trabajamos los procesos de diseño de producto digital para lograr los objetivos definidos junto con nuestros clientes.