20 septiembre 2006

Hace unas semanas estuve visitando un sitio web. Eso si no se contextualiza un poco no aporta mucha información, está claro. Es un sitio web que no habría visitado si no fuera porque me lo enseñaron, por casualidad. La cuestión es que en poco rato me quedé enganchado viendo las fichas de productos que enseñaban. Y no porque me interesaran especialmente, sino porque me di cuenta de que algo que en un principio no me llamaba la atención, no me interesaba especialmente, llamó mi antención de una forma más que conviencente.

Me voy a explicar un poco más. El sitio en cuestión se llama Traiteur de Paris y su contenido parece ser (mi francés es casi nulo) que tiene que ver con productos alimenticios congelados. No es por nada, pero, como decía antes, mi interés por los productos alimenticios congelados no va más allá de su uso cuando la nevera queda despoblada. Pues bien, navegando por el sitio hay un detalle que me llama poderosamente la atención, y es que la presentación de su producto, de lo que venden, del objeto de trabajo que quieren expresar y transmitir en el sitio web, es casi perfecta. ¿Por qué?

Pues porque han hecho el esfuerzo de dar protagonismo a su producto, en el que creen (y el que les da de comer) y el que desean vender, a través de su imagen, es decir, a través de una descripción del mismo rica y matizada con una serie de imágenes que hablan por sí solas. Si os fijáis en la ficha de un producto, por ejemplo el de la foto que acompaña este post, la comunicación visual es protagonista a través de la foto del producto, generosamente grande, ocupando un espacio de primer orden en la pantalla, con una calidad fotográfica, de encuadre y de producción de un nivel que bien podría calificarse como superior.

Detalle de producto

No se nos apabulla con un interminable listado de características técnicas del producto, ni se nos da acceso a fichas explicativas extendidas. Se nos muestra una foto de excelente factura, con una pequeña y poco intrusiva explicación textual del producto, y unos prácticos consejos de utilización y modos de conservación. Es decir, para la naturaleza del producto, los datos fundamentales que nos harán el dibujo exacto de lo que se trata, cómo se usa y cómo se conserva. Sin más.

Creo que es un buen ejemplo de cómo un estudio y análisis de la naturaleza del producto con el que estamos trabajando en un proyecto web es fundamental para elegir los modos de comunicación efectivos, que sean eficientes y prácticos para los usuarios finales. Es posible que un cliente distribuidor de Traiteur de Paris no tenga la información que necesita con esa ficha de producto, pero para eso tiene reservad en el sitio web una zona exclusiva para clientes. Pero el usuario que no es cliente, que quiere conocer el producto, obtiene una descripción del mismo que deja lugar a pocas dudas.

La comunicación visual ha funcionado en este modelo de producto, dando protagonismo a la imagen, sin ambages y dando, en mi opinión, en el clavo.

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Comentarios

  1. Lo que te pasó es que el sitio está diseñado pensando en construir puentes comunicaionales entre la audiencia y Traiteur de Paris. Eso es lo que hacemos los diseñadores, hacer que otros dialoguen sobre la base de la construcción de un ambiente que tienda a provocar un Experiencia positiva.

  2. Solo por lo que cuesta realizar una fotografía como esa, hay que sacarlas a tamaño poster!

    La web, estéticamente está muy bien y es super agradable…

  3. A mi es que me impresionó la calidad de las fotos de los productos que contiene. Eso es lo que yo llamo ‘tomarse interés por la web’.

  4. Es completamente cierto lo que dices: ¿para qué una larga descricpión textual si la imagen, bien realizada, lo dice todo?

    En un caso como ese si, pero ¿que imagen pongo cuando trate de vender componentes de ordenador?, ¿lo explicará todo la imagen?.

    Y en esos casos en que el producto es barato: por ejemplo, para vender un bolígrafo de 2 euros ¿compensará hacer una fotografía, calidad bodegón profesional, de 2.000 euros de coste?.
    Si el margen en el boli es de 10 céntimos tendría que vender alrededor de veintemil unidades para pagar el bodegón.

    Los diseñadores gráficos tendemos a evaluarlo todo en términos de comunicación (si somos profesionales, claro, los hay que lo evalúan sólo en términos estéticos).

  5. Otro Miguel: seguramente en el caso que comentas de los componentes de ordenador sea más eficiente hacer una descripción textual de las características. Es cuestión, como casi siempre, de ponerse en el escenario del usuario a quien nos dirigimos y preguntarse qué es lo que espera encontrar.

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