Las vacaciones, aparte de para acumular trabajo y tratar de descansar, en esta ocasión me han servido para asistir, perplejo, a la eclosión de un buzz, ruido, espectacular acerca de la aparición del manido ya Google Chrome.
Más allá del citado ruido, que aún resuena en los blogs y en las listas de correo, hay un aspecto que en los últimos días me está preocupando un poco. Una cuestión que es muy posible quede lejos del alcance del análisis de los foros tecnológicos, que por otra parte es donde tienen lugar la mayor parte -con diferencia- de los comentarios sobre Google Chrome. No es otra cosa que lo siguiente: todos los comentarios que un servidor ha tenido la oportunidad de leer tienen, lamentablemente, un sabor técnico arrollador. Y digo lamentablemente porque echo mucho de menos algún comentario, análisis o referencia a quien en definitiva deben ser quienes hagan de Chrome un navegador de éxito: los usuarios.
Quizá alguien pueda pensar que en esta casa estamos siempre dando la murga con lo mismo. Es posible que sea así. Pero es que aquí somos así
Fuera de bromas, mi intención es siempre tomar la medida de las personas. Cómo éstas reciben productos, en este caso tecnológicos, listos para ser utilizados, preparados para que exista una leve curva de aprendizaje y, en definitiva, fáciles de manejar.
Y en el caso de Google Chrome, tras unos cuantos días de uso en la intimidad, llego a la conclusión de que o mucho se ponen las pilas los chicos y chicas de Internet Explorer, Opera y Firefox, o Google Chrome se los va a comer por los pies. Me explico. Tanto en los nuevos avances de Firefox como en los de Internet Explorer, detrás de un supuesto ramillete de mejoras de cara al usuario (suggest en las búsquedas, marcadores personalizados, seguridad, etc.) hay, desde mi punto de vista, una alarmante carencia de cuidado en la interfaz. Alarmante debido a la aparición de Google Chrome.
El navegador de Google, pese a la solemne barbaridad de lanzar una beta sólo para Windows, apunta maneras para traspasar la frontera techie gracias al tratamiento de su interfaz de usuario. Se acabaron, o al menos eso parece, las múltiples barras de herramientas, los interminables menús de navegación, las metáforas de utilización, la nomenclatura ajena al día a día de un mayoritario número de sus fieles usuarios, las opciones para desarrolladores integradas en primer plano… Todo eso está muy bien, pero para su público. Y el público no es para nada homogeneo. En absoluto. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta, más retrasaremos el éxito de lo que sea en internet.
Habrá quien diga, y no sin parte de razón, que los usuarios terminan por adaptarse a las exigencias tecnológicas de los productos tecnológicos. Y en una cierta -y digo cierta- medida eso es así. O puede ser así. Pero preguntémonos: ¿a quién nos queremos dirigir? ¿a todo el mundo? ¿a un número determinado de usuarios, sesgados por un perfil determinado? ¿a una panda de techies que escriben con fluidez en sus blogs? Mi opinión es que cualquier responsable de Internet Explorer, de Firefox o de Opera que esté en su sano juicio responderá que a todo el mundo. No entiendo otra posibilidad.
Con lo que tras la aparición de Google Chrome, y lo que su interfaz de usuario plantea, es hora de que los demás se pongan las pilas y espabilen. Google es mucho Google y allí se respira la web de forma nativa. Parten con esa ventaja. Microsoft tiene recursos, sí. Firefox es un proyecto lleno de gente que sabe de internet tanto o más que en Google. En Opera tres cuartos de lo mismo que en Firefox. Pero Google tiene las dos cosas. Y el zarpazo que ha dado con la liberación de Chrome, pese a ser una beta sólo para Windows, debería preocuparles.
No tengo elementos de análisis para entrar a valorar si Chrome es el primer paso de un sistema operativo basado en la web. Parecerlo lo parece. Pero es que es un navegador, que tiene detrás una marca que hace diez años no demostraba más que eran un grupo de personas que sabían de internet más que nadie, pero la marca no existía.
De todos modos esperaremos acontecimientos. No olvidemos que al final, a las personas que conforman la masa crítica que lleva a un navegador al número uno, les importa bien poco si la versión de CSS que renderiza el browser es esta o aquella. Y los esfuerzos de quienes hasta el momento han demostrado con hechos que, efectivamente, son unos muy buenos productos técnicamente, altamente respetuosos con los estándares establecidos y, en el caso de Firefox, con una historia realmente atractiva, deberán adaptarse desde ya mismo para abordar la experiencia de usuario como elemento central y estratégico de sus acciones futuras.