05 diciembre 2018

Cuando se habla de inteligencia artificial, la conversación suele girar en dos polos, o las máquinas sabrán lo que queramos antes de que lo digamos o ocurrirá el apocalipsis si las dejamos obrar libremente como en Juegos de guerra o Terminator.

Imagen de Pixabay

La realidad en verdad está muy lejos de ambas opciones. Es muy difícil que una máquina conozca nuestros deseos mejor que nosotros y la inteligencia artificial está todavía lejos de poder sobrepasar su propia programación y ser autoconsciente o provocar daños intencionados.

Hoy os traigo un artículo de Gavin Lew y Ryan Carney sobre cómo mejorar la aceptación de la inteligencia artificial por parte de los humanos.

Ellos comienzan citando diversas funciones que podrían mejorar las vidas de las personas y en las que la inteligencia artificial puede jugar un papel como:

  • seguridad: 1000 personas mueren en EE.UU cada año en la construcción y miles son heridas. ¿Cuántas pueden ser evitadas por IA?
  • precisión: más de 600.000 puentes necesitan ser inspeccionados en EE.UU., ¿cuántos pueden serlo con ayuda de drones?
  • eficiencia: se calcula que la IA pueden mejorar en un 70% la productividad de los campos.
  • conveniencia: con más de 100 millones de personas con 80 años, ¿qué pueden hacer los robots para mejorar su vida diaria?

Hay tres consideraciones básicas para que la IA sea exitosa:

  • Contexto
  • Interacciones
  • Confianza

Contexto

La base de la inteligencia artificial es el reconocimiento de patrones. Una vez que la IA reconoce un patrón, lo usa para predecir qué pasará en otras situaciones similares. Aunque le demos los datos de entrada a la IA para que reconozca patrones, podemos darle un contexto incorrecto que le permita que haga malas decisiones.

Ellos nos dicen que por ejemplo que una inteligencia artificial de IBM que acertaba un 49% en Corea del Sur en el tratamiento y cuando se trataba de la India acertaba en un 96%.

Cuando construyamos una IA debemos cuidar el contexto:

  • Antes de que se construya
  • Durante su implementación
  • Usando los datos recolectados

La inteligencia artificial será una de las tecnologías definitorias del siglo XXI, pero todo dependerá de lo bueno que sean los datos y el contexto apropiado que se le dé.

Interacciones

Entender las interacciones con las inteligencias artificiales es algo que todavía estamos haciendo. En una buena IA un simple comentario la activará como podría ser un “no hay casi leche” en la cocina. En un futuro el usuario no tendría que usar proactivamente una IA, la IA se adelantará a sus deseos y necesidades.

Confianza

La confianza en la IA es un asunto relativamente nuevo. Casi todo el mundo ha probado Siri o algún otro asistente digital, con ellos tienes que confiar. Las interacciones torpes de los usuarios con Siri, han modelado la visión que tienen los usuarios de los asistentes de voz y por ende de otras IAs.

Alexa mediante un cambio de forma ha conseguido que los usuarios vuelvan a confiar en los asistentes por voz. Es decir, han recobrado la confianza los usuarios mediante esa transformación. Para ello la IA tiene que recibir unas órdenes y dar una respuesta correcta a ellas. Eso hacer que la confianza de los usuarios en la IA aumente.

Una vez un sistema de IA ha llegado a estos tres puntos de éxito: contexto, interacciones y confianza, está más cerca de tener el éxito que les auguran los futuristas.

Carney y Lew nos dice que cada vez estamos más cerca de la Singularidad. La Singularidad será cuando el poder de computación de la tecnología será mayor que el poder de computación de las personas. Cuando esto ocurra muchas distopías se harán realidad pero no estamos en ese momento aún, ni siquiera cerca.

Desde el Estudio os animamos a diseñar interacciones mediante inteligencia artificial y a ayudar a mejorar la vida de las personas con éstas, recomendamos leer “Diseñando para voz” o “Diseñando interfaces conversacionales para Google Assistant”.

Trabajamos proyectos de diseño de servicios y productos digitales en los que la investigación de usuarios es un elemento fundamental del proceso.