28 noviembre 2018

De una manera casi recurrente pienso en escribir este artículo. Creo que ha llegado el momento. Habla de los estados de maduración.

Corría el año 2007 cuando estuve asistiendo a una conferencia de Luis Villa, entonces responsable de Experiencia de Usuario en la consultora madrileña The Cocktail, y asistí perplejo a cómo mi admirado Villa sostenía que ya no era tiempo de hablar y de evangelizar acerca de estándares web.

Parte del equipo de trabajo del Estudio en acción. Su estado de maduración es una clave importante.
Parte del equipo de trabajo del Estudio en acción.

La tesis principal que defendía Villa tenía que ver con el avance en la disciplina de diseño digital, dejando ya como etapa superada la de adoptar estándares web como forma de trabajo. Recuerdo todavía la sensación de indignación contenida que vino a mi, porque sostenía y pensaba en aquel entonces que podría haber empresas y potenciales clientes que aún no estaban en el momento de madurez necesario como para saltarse etapas.

Es bueno que haga la precisión de que por aquel entonces empezar a diseñar de acuerdo a los estándares web proporcionaba ingentes beneficios relacionados con la experiencia de usuario:

  • webs mucho más accesibles
  • webs que se podían ver y manejar en todos los navegadores
  • webs que posicionaban su contenido en buscadores de una forma mucho más eficaz que el resto

Eran tres motivos, tres razones suficientes como para continuar la senda de la evangelización en torno a los estándares web. Con el tiempo aprendí que mi indignación contenida ante la tesis de Luis Villa no era sino un diferente estado de maduración entre su experiencia y la mía. Yo estaba, puede que sin saberlo, en un estado de maduración inferior, previo. Por contra, Luis se encontraba en un estado de maduración profesional mucho más avanzado, de ahí su tesis.

Todo esto que cuento no pretende ser una anécdota de abuelo cebolleta o, como dirían en Twitter, de dinosaurio o gatekeeper. Sólo pretende ser un recordatorio de que los diferentes niveles de maduración en los que se encuentran las organizaciones, pero también los equipos de diseño, son fundamentales y determinan cuál va a ser el servicio prestado, la demanda expresada, o la experiencia global por ambas partes. Es por ello que la primera tarea que como agencias deberíamos abordar es el diagnóstico de maduración de la organización que demanda nuestros servicios, y estar muy seguro de cuál es el momento en el que nuestro equipo se encuentra.

Por mi experiencia, son muchos años ya, no importa cuál es el estado de maduración sino más bien cómo abordamos procesos, propuestas y soluciones en función del estado de madurez de la organización y la gestión de sus expectativas tanto del equipo como del cliente.

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