20 febrero 2018

Hace no demasiado tiempo leí que las plantillas de WordPress estaban matando al diseño. En los últimos meses no hago más que imaginarme a mí mismo diciendo en horario de máxima audiencia que esa frase se queda corta. No es que las plantillas de WordPress estén matando al diseño web. Lo que sucede es que todavía no hemos dado con la solución que termine de una vez con el diseño web, relegándolo a algo así como los mp3 relegaron a los vinilos: a un saloncito de recuerdos solamente para nostálgicos.

Aplicaciones orientadas a mejorar la comodidad a la hora de consumir contenidos digitales.
Aplicaciones orientadas a mejorar la comodidad a la hora de consumir contenidos digitales.

Seguramente decir algo así haría que la profesión entera se me tirase encima, y seguramente a más de uno y más de una no le falten ganas, pero además de hacer amigos aquí estamos para decir lo que pensamos y, para desde nuestro modesto rincón, contribuir al desarrollo y optimización de la experiencia de usuario, en este caso de productos digitales. Y es que por más que nos empeñemos en estilizar los diseños, en agrandar las tipografías, en dejar de tener miedo al espacio en blanco y tantas otras cuestiones más, el diseño digital (especialmente en movilidad) sigue penalizando a la modernidad. Lo hace en tanto en cuanto los dispositivos móviles continúan sufriendo todos y cada uno de los nuevos diseños que, especialmente en el ámbito del comercio electrónico y de lo transaccional, están poblando el jardín de las opciones de consumo digital disponible para toda una masa de personas ávidas de dejarse los cuartos con sus marcas favoritas.

Si dejo el sarcasmo aparte, estoy planteando que los dispositivos móviles, que ya son la única pantalla y acceso a la transacción digital de muchísimas personas, no cuentan con un producto digital adecuado ni optimizado para la experiencia de usuario. Ni desde una perspectiva de rendimiento, ni desde una perspectiva de seguridad en los pagos, ni tampoco desde una perspectiva de comodidad y belleza, los productos digitales enfocados a movilidad están optimizados y desde mi punto de vista su diseño es una rémora para la optimización y para la eficacia de los negocios digitales.

Obviamente estoy generalizando, y toda generalización acarrea un cierto grado de injusticia. Pero lo cierto es que si hacemos un pequeño benchmark en el que analicemos el rendimiento, la legibilidad, la comodidad y la optimización de las plataformas de pago, registro de usuarios y comunicación con la organización propietaria, los dispositivos móviles arrojan unos resultados nefastos para los productos digitales objeto de la misma. Si por contra ejecutamos ese test con las herramientas que el mercado tiene ya a nuestra disposición para mejorar la legibilidad de los productos digitales en movilidad, podríamos empezar a pensar que la frase que yo comentaba al principio puede empezar a tener sentido. Obviamente estas plataformas de optimización de la legibilidad no están diseñadas actualmente para soportar las transacciones, pero son un primer paso desde mi punto de vista para superar el diseño digital tal y como lo conocemos. Esta realidad implicaría una descentralización de las interfaces, en favor de los navegadores, de los dispositivos, o quién sabe, de los servidores a través de los que fluyen los datos del protocolo HTTP.

Imaginemos que desde nuestro teléfono móvil podemos activar una opción para personalizar las hojas de estilo de las páginas que visitamos, y que ello influya tanto en el rendimiento como en la capacidad funcional para que todo siga funcionando perfectamente. Imaginemos que desde nuestro navegador podemos hacer de forma fácil, sencilla y cómoda esta misma operación. Imaginemos que esto ya es una realidad, tan solo con funcionalidades como las de Safari en iOS.

Quizá es momento de que repensemos de nuevo cómo queremos que sean nuestras interfaces, y como deseamos que termine la función. Hasta ahora nos hemos preocupado por la página principal, ahora lo hacemos por las páginas de aterrizaje, por las que los buscadores nos traen a los usuarios de la manita, pero puede que lo serio se encuentre en el final de la película, en el checkout completo, en la página donde damos la enhorabuena por haber finalizado una compra, o en ese momento en el que el usuario ha completado con éxito lo que venía hacer a nuestro sitio web.

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