23 noviembre 2017

Los diseños horripilantes pueden ser muy efectivos. Ésa es una conclusión que saco después de estar por más de 15 días asistiendo a unas sesiones que tienen que ver con el ámbito de la salud, los cuidados y la rehabilitación cardíaca. Por cuestiones de carácter personal que contaré más extensamente en el resumen de este año (algo tradicional en este blog) estoy asistiendo a unas sesiones que tienen que ver con los auto-cuidados y la rehabilitación cardíaca.

En esas sesiones, las y los profesionales sanitarios se dedican a impartir una serie de talleres y de clases magistrales relacionadas con la temática que os acabo de mencionar. En ese sentido, uno no puede evitar mirar con las gafas profesionales todo lo que acontece cuando una persona está haciendo una presentación en público, utiliza una presentación Powerpoint como soporte visual para las explicaciones que ofrece.

El PowerPoint como herramienta de interacción y su diseño.
La presentación Powerpoint como herramienta de interacción y su diseño.

No hace falta hacer una investigación profunda para darse cuenta de que el diseño de las citados presentaciones Powerpoint es un diseño que podríamos calificar como digno representante del actual brutalismo. En todo caso, la pausa y la reflexión me llevan a afirmar que muchas veces estamos juzgando diseños de interfaces y de elementos interactivos con una mirada profundamente injusta. Y digo que es profundamente injusta porque sobran los momentos en los que el citado juicio de valor se establece sin atender a tres consideraciones básicas que nunca deberíamos olvidar.

  • En primer lugar, se trata del contexto y su concreción. El diseño de una interfaz gráfica siempre atiende, o deberá atender, a un contexto que lo explica, que lo determina y le otorga un sentido.
  • En segundo lugar, el diseño de la interfaz gráfica siempre responde a un relato que tiene lugar desde una entidad emisora hacia unas entidades receptoras. Ese relato tiene que ver en unos casos con el contenido, en otros casos con la historia que se cuenta, y en otros casos también tiene que ver con una consecución de acontecimientos que deben ser descritos y comunicados.
  • En tercer lugar no debemos olvidar que el diseño de una interfaz gráfica tiene un componente de aceptación por parte del público al que se dirige, que es fundamental. Un producto digital, una interfaz no será aceptada si los usuarios deciden no utilizarla o consideran que no entra dentro del catálogo de herramientas o utilidades a considerar para lograr un objetivo.

Todo ello me lleva a concluir que, siguiendo el ejemplo del Powerpoint, no importa que el diseño nos parezca feo, no importa que existan decenas de tipografías en una sola diapositiva, y no importa que todo el catálogo de efectos disponibles en la herramienta estén dispersos por la presentación. Lo que realmente importa, lo que realmente entra a formar parte de los ámbitos de decisión es lo que tiene que ver con los tres puntos que acabo de mencionar. Por una parte, debe haber un contexto que aporte sentido a un relato que se hace tangible en un contenido. Y por último los usuarios, las personas destinatarias de esa comunicación deben tener la motivación suficiente, o deben ser seducidas para que el producto sea aceptado.

Es por ello que, paradójicamente, en muchas ocasiones establecemos diagnósticos en relación a un diseño sin considerar los tres elementos mencionados. Estos tres elementos son los que en muchas ocasiones, por no decir en todas, determinan el éxito de una interfaz o en nuestro caso de un producto digital.

Mal haríamos en establecer diagnósticos considerando exclusivamente otras cuestiones que tengan que ver con aspectos lejanos a los tres mencionados. Es por ello que insistimos en la investigación, es por ello que insistimos en conocer cuáles son las motivaciones, los objetivos y las necesidades de los usuarios que van a manejar un producto digital para poder abordar con ciertas garantías de éxito un diseño del mismo. Es por ello por lo que insistimos en probar, evaluar y volver a comprobar la eficacia de los productos digitales a través de los test con usuarios.

Por ello, como ejercicio práctico, la próxima vez que veamos un Powerpoint que nos parezca feo, o que nos parezca gracioso en tanto en cuanto utiliza decenas de tipografías, nos paremos a pensar y analicemos cuál es el contexto en el que tiene sentido esa presentación, cuál es el relato que está comunicando, y sobre todo y especialmente en qué medida las personas que reciben esa comunicación aceptan el Powerpoint como elemento de interacción.

Estoy pensando en esas sesiones de autocuidados y de rehabilitación cardíaca, que son atendidas con interés, silencio y mucha concentración por parte de las personas asistentes. Pero también podemos pensar en esas presentaciones que se envían por correo electrónico a través de cadenas interminables. Y ahora que tenemos las Navidades a la vuelta de la esquina, también podría aplicar a las múltiples felicitaciones que más pronto que tarde nos van llegando por todos los canales. Quizá nos cambie la opinión acerca de esas piezas visuales.

En Torresburriel Estudio realizamos proyectos de consultoría en diseño de experiencia de usuario para tu producto digital aplicando metodologías de diseño centradas en el usuario. Contacta ahora y cuéntanos tu proyecto.

Comentarios

  1. […] o eBay, serían ejemplos clásicos de brutalismo. Cada vez veremos más productos digitales que serán efectivos pero no bonitos estéticamente hablando, porque a veces una buena usabilidad está reñida con la belleza. Lo ideal para una buena […]

Trabajamos proyectos de diseño de servicios y productos digitales en los que la investigación de usuarios es un elemento fundamental del proceso.