06 octubre 2016

Cada vez más, las interfaces de los diferentes productos digitales optan por una navegación mediante iconos (en muchos casos sin rotulado), lo cual puede suponer que se resienta la usabilidad y la experiencia del usuario. Dependerá del contexto, es posible que no sea sencillo encontrar iconos estandarizados o, como hemos mencionado en otras ocasiones, esos iconos presenten un fuerte componente cultural.

Los iconos tienen una gran importancia en el diseño de una buena experiencia de usuario, ya que inciden directamente en la percepción que el usuario tiene del producto. Como dice Susan Kare, pusieron una nota de humanidad que ante las limitaciones tecnológicas de los primeras interfaces.

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Set de iconos de Paul Downey.

Cada vez más tiene importancia hacer tests con usuarios de los iconos para mejorar la experiencia de usuario de productos digitales. Si una aplicación presenta iconos confusos o ininteligibles, corremos el riesgo de de abandono por parte de los usuarios, con el derroche en tiempo y recursos para solucionarlo.

¿Cuáles son las características de un buen icono en una interfaz?

Según Norman Nielsen, un icono de calidad en una interfaz debe incorporar cuatro características:

  • Hallabilidad: Los usuarios lo tienen que poder encontrar fácilmente y, por tanto, tiene que diferenciarse del resto del interfaz.
  • Reconocimiento: los usuarios tienen que reconocer el significado de ese icono sin dudas, por lo que debemos preguntarnos si los usuarios lo entenderán y si tenemos dudas, hacer pruebas al respecto.
  • Pistas informativas: los usuarios deben anticipar lo que se encontrarán cuando pulsen en ese icono. Debe dar alguna pista informativa al usuario cuando interactúe con él.
  • Atractividad: un icono debe ser atractivo para reforzar la hallabilidad. Para ello nos debemos preguntar si los usuarios consideran que nuestros iconos son atractivos estéticamente hablando. La utilidad y usabilidad son importantes, pero si el diseño no genera emociones, la experiencia es incompleta.

Estas cuatro características pueden evaluarse separadamente, porque un icono puede cumplir una o varias, pero es complicado que cumpla todas. Por ello, si vemos deficiencias en de estas características, deberemos hacer un test para mejorar el icono.

Métodos para testear iconos

Para hacer pruebas de algo tan nuclear como los iconos, es imprescindible que estas pruebas se hagan con usuarios objetivo del producto. Pueden ser clientes directos, pero es recomendable que haya un porcentaje de gente que sean usuarios de distintos tipos.

Para verificar la hallabilidad de un icono, la mejor opción es probarlo en su contexto completo, la interfaz. Para ello, lo mejor es hacer un test de tiempo de localización donde observemos el comportamiento del usuario y midamos el tiempo que los usuarios tardan en encontrar un icono. Otros indicadores útiles pueden ser el porcentaje de aciertos en el primer clic y los “lentos correctos” (hacen clic en el correcto pero tomándose demasiado tiempo).

Para probar el reconocimiento, puedes presentar el icono aisladamente y que los usuarios expresen de viva voz que intuyen que hace. Por supuesto, sin rotulado que lo acompañe. Así podrás validar si tus iconos son reconocidos o no por tus usuarios. Casi siempre aparecen sorpresas, con iconos que nadie reconoce o que planteabas como un problema y se reconocen perfectamente.

Para probar si las pistas informativas son correctas, utiliza el icono junto a su rotulado y haz que los usuario anticipen qué se van a encontrar cuando interactúen. Es decir, donde les va a llevar el icono, qué información se encuentra tras él.

Finalmente, para probar la atractividad de un icono, se eligen una serie de iconos y se hace a los usuarios que puntúen, según cuál les parece más atractivo. Así tenemos una clasificación de iconos y, además, datos cuantitativos de alternativas que podríamos usar en un test A/B.

Con diferentes pruebas como éstas, podemos verificar la validez de estos iconos, para encontrar los más adecuados a nuestra interfaz y nuestros usuarios.

Bola extra: Andrea Cantú escribe sobre el mito de que los iconos se entienden mejor.

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