13 septiembre 2016

Quienes vemos el transcurrir de nuestras vidas en el entorno urbano nos movemos por la ciudad de forma inconsciente. No es que vayamos como locos necesariamente por la ciudad. O al menos no necesariamente.

Cuando nos movemos por la ciudad somos consumidores (o usuarios) de una serie de decisiones de diseño que nos afectan directamente. Es muy conocido, ya que se hizo viral en redes sociales, el ejemplo del césped integrado en la ciudad diseñado de tal forma que las personas atajaban por él para continuar con sus trayectos, generando un paso “de hecho”.

Atajos peatonalesLos atajos peatonales son una muestra de rediseño colaborativo.

Cuando las personas invidentes circulan por un paso de peatones pueden anticipar la existencia de éste debido a que en la acera hay unas marcas de relieve que les permiten conocer este hecho. Quienes no nos guiamos con un bastón para ello puede que nunca hayamos reparado en este hecho.

Quienes utilizan motocicletas para moverse por la ciudad saben perfectamente que deben tener extremo cuidado en los días de lluvia, cuando tienen que circular sobre un paso de peatones para que el agua sobre una superficie generosa de pintura blanca no se convierta en una pista de patinaje que dé con sus huesos en el suelo.

Cuando subimos al tranvía validamos el ticket en las máquinas dispuestas a tal efecto, mientras tratamos de acomodarnos en un hueco suficiente como para viajar con comodidad. Medio minuto después nos puede suceder que, oh sorpresa, no recordamos si hemos validado o no, con la consiguiente inquietud que nos invade en el caso de que la posibilidad de que un revisor nos sancione. Ni qué decir tiene lo que puede ocurrir si vamos en metro y no nos fijamos en las zonas o áreas de tarificación.

Son algunos ejemplo, simples, de la utilización que hacemos del diseño que hay presente en la ciudad. Todos los días, y sin darnos cuenta. De forma permanente e inconsciente en la mayoría de los casos. Son decisiones de diseño que se han tomado para, en teoría, mejorar nuestra vida en la ciudad.

No quiero parecer un dinosaurio, pero en un post del 25 de junio de 2006 (hace diez años ni más ni menos) decía:

Tengo la sensación de que los entornos urbanos y arquitectónicos tienen mucho que enseñarnos en este sentido, pues su naturaleza, o mejor dicho la naturaleza de su razón de ser se supone, como lo es en los sitios web, que son las personas, los usuarios.

En los comentarios nos dejaron, entre otras, esta perla:

La Alhambra de Granada, los Jardines de Versalles, o los sofás de Dieter Rams, por poner unos ejemplos, se gestaron persiguiendo variados objetivos, sí, pero las herramientas intelectuales de planificación fueron probablemente las mismas.

Propiedades del espacio (coherencia, complejidad, identificabilidad), diseño del espacio (jerarquía, orden, secuencia), escala humana, etc, son antiquísimos items manejados en los diseños.

Pero y con todo ello, los errores se cometen -por supuesto los éxitos- y afloran a la luz a través de la experiencia y percepción. En ocasiones esto sucede en fase de proyecto y en ocasiones meses después de la ejecución y primeros usos.

Este post no pretende ser un manual de nada, ni una referencia. No lo puede ser. Sólo quiere ser un pequeño llamado de atención. Como se diría en alguna película de Disney, hay que mirar con los ojos que quieren ver la magia para que podamos ver la magia. Miremos, pues, nuestras ciudades con los ojos de diseñador y descubramos las decisiones de diseño que nos afectan en el día a día. Y aprendamos con ellas.

Comentarios

  1. […] y “Sistema de diseño centrado en el usuario: nuevas perspectivas de HCI”. En ellos analiza los problemas del diseño de los objetos que nos rodean en la vida cotidiana y el tipo de conocimiento que cada uno requiere. La obra es también una amena y lúcida lección […]

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