Experiencia de usuario: abórdala sin complejos

Un proyecto en el que he estado trabajando esta última semana me ha hecho reflexionar un poco más acerca de todas estas zarandajas de la experiencia de usuario.

Por desgracia no puedo, aún, hablar explícitamente de ello, pero sí que me sirve como guía de referencia a la hora de hacer algunos comentarios al respecto.

Hoy he tenido la oportunidad de leer un post de Javier Cañada llamado Prototipar en papel (lo que no se ha dicho). Allí se comenta uno de los argumentos que sí se dijeron en su momento al hilo de la técnica de prototipar en papel.

Lo bueno de prototipar en papel no es la flexibilidad que te da sino el hecho de que te aleja del ordenador por un rato y te puedes concentrar en solucionar el problema sin desviar la atención a otras cosas.

Pues bien, precisamente el hecho de apartar los elementos de distracción es una de las claves que me ha permitido saborear la importancia de la experiencia de usuario a la hora de plantear un proyecto. Y eso ha sucedido porque uno de los requerimientos que he tenido ha sido el tiempo. O más bien la falta de éste.

Y cuando llega a tus manos un proyecto que tiene una urgencia temporal importante, uno se tiene que plantear el abordaje en términos muy serios.

Es necesario, para comprender y poder sacar partido a este post, hacer una descripción del proyecto. Se trataba de una aplicación basada en web, que permitiese exponer una serie de informaciones, muy precisas, ordenadas y categorizadas. Su distribución, a pesar de estar construida con el binomio HTML + CSS se va a realizar a través de CDROM.

Para ello es necesario hacer un ejercicio, desde mi punto de vista, fundamental: diferenciar lo importante de lo accesorio. En realidad es necesario, o conveniente, hacer este ejercicio siempre, pero cuando llega a tus manos un proyecto en esas circunstancias, es absolutamente vital ir al grano.

¿Cómo se sustancia esto? Lo que hice fue una lista. Una lista de urgencia:

  • ¿Quién va a utilizar esto?
  • ¿Cómo se va a utilizar la aplicación?
  • ¿Cuándo lo va a utilizar?
  • ¿Qué necesidad va a satisfacer?
  • ¿Dónde se va a utilizar?
  • ¿Con qué periodicidad se va a utilizar?

Por supuesto, fue necesario dar respuesta exacta a estas preguntas. No valían muchas ambivalencias. No cabían muchas dudas. Obtuve las respuestas haciendo uso de una de las técnicas básicas cuando se trata de poner en marcha esto del diseño centrado en el usuario: la entrevista (lo que me recuerda que tengo pendiente un post prometido hablando de esta técnica).

Y una vez obtenidas las respuestas, hay que ponerse a trabajar. El resultado es una aplicación que, de forma escrupulosa, da respuesta a las preguntas de la lista de urgencia: permite a los usuarios hacer manejar la aplicación, de la forma más sencilla posible, con la mejor interfaz dadas las características de los usuarios y de su entorno de utilización, y permitiendo olvidarla, sin ningún tipo de pena o nostalgia, en el baúl de los recuerdos a partir de la segunda quincena de septiembre.

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Comentarios

  1. Tienes razón, tú lo mencionaste en aquel post!!

    Yo me refería a que cuando se habla de metodología no se explicita como una de las ventajas de la técnica pero es cierto que aunque el otro día reparase en ello no he descubierto nada nuevo, jaja.

  2. Sí q parece q corre prisa, sí.. con esa pista final.. prisa como de un par de semanas, más o menos, para el 14 de este mes..

    😉

  3. […] Experiencia de usuario: abórdala sin complejos […]

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