Se pone de moda el contrabando de alimentos en la zona, así como toda España, el llamado estraperlo de alimentos de primera necesidad. Como únicos recuerdos del paso de la guerra por el pueblo, quedan las historias de mutilaciones y muertes de niños, producidas cuando éstos se encontraban armamento o munición extraviada, o simplemente dejada en nuestros campos.
La iglesia no resulto dañada en su estructura, pero si se perdieron los archivos parroquiales, en los que se reflejaba en transcurrir del tiempo en nuestro pueblo.
Unido al racionamiento de alimentos, la política de Franco no apoya a la agricultura, base del sustento económico de nuestros antepasados, beneficiando la creación de nuevas industrias en las grandes ciudades. Por todo ello la población emigra a las grandes urbes en busca de un trabajo con el que poder alimentar a su familiar. Son las décadas 40-70, en la que el pueblo pierde a una sexta parte de la población, de 300 a principio de la guerra, hasta 50 en 1970. Los puntos más habituales para la emigración son la cercana Zaragoza, y la populosa Barcelona. Se consigue así una despoblación casi total en la comarca, salvo en los pueblos mineros como Escucha, Utrillas, o Montalbán.
Armillas en los años 80 queda despoblado. En la actualidad es segunda residencia y lugar de veraneo de 150 persona aproximadamente. En la década de los 80 se consiguen grandes avances en infraestructura para el pueblo. Se consigue llevar agua corriente a las casas, procedente del barranco de las Salinas, se cimentan las calles, se alfalta la antigua carretera, y se reconstruyen prácticamente todas las casas del pueblo.